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El objetivo primordial la Constitución
Española, desde su nacimiento en 1.978 ha sido siempre la
emancipación de la persona. La Democracia comienza cuando la
política deja de estar al servicio del poder para ponerse al
servicio de la felicidad de las personas.
Creo en la democracia social. Creo en el
diálogo, en la negociación, en la paridad. Pero me niego a
la presión sobre el débil, al mal uso de los resortes del
poder, al castigo sobre el que no es afín al poder, a la
violencia, la ley del más fuerte… ¡y la falta de valor!
No vamos a permanecer indiferentes ante un
niño pobre, ante el sufrimiento de aquellos a los que la
vida no ha sonreído.
No podemos mostrarnos complacientes con que
se produzcan fraudes, abusos y despilfarros, que insultan el
trabajo y que minan los cimientos de la solidaridad. Los
derechos no son independientes de los deberes y sólo podemos
ayudar a los que respetan las reglas y se esfuerzan por
avanzar.
Creo en el trabajo. El trabajo es la
libertad, la igualdad de oportunidades, es ascenso en la
escala social, es el respeto, la dignidad, la ciudadanía
real.
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Quiero una
democracia activa.
La democracia activa es aquella en la que todos
son escuchados y participan en el gobierno de su ciudad. Aquella
en la que cada uno reconoce una parte de sí mismo en la política
de su Ciudad. Nuestra capacidad de vivir juntos, de entendernos
y respetarnos es nuestro bien más precioso.
La democracia activa es aquella en que quienes la
dirigen asumen sus responsabilidades, que dicen todo lo que van
a hacer y, sobre todo, ¡que hacen lo que han dicen!
No es una democracia en la que los nombramientos
se deciden en función de las connivencias y las amistades, sino
en función de las facultades. Es aquella en la que el Gobierno
de la ciudad es imparcial. Si un Gobierno quiere que se le
respete, debe ser respetable. |